jueves, 4 de mayo de 2017

Auguste y Louis Lumière



“El cine es un invento sin futuro”. Son palabras de los hermanos Lumière. ¿Sorprendente? Pues la verdad es que sí puesto que fueron precisamente ellos los inventores del cine.
 
Auguste (1862-1954) y Louis (1864-1948) eran hijos de un conocido pintor retratista que se había retirado para dedicarse en exclusiva al negocio de la fotografía. Los dos hermanos siguieron con el negocio familiar.
 
En 1894, el padre de los Lumière fue invitado a presenciar una demostración del funcionamiento del kinetoscopio de Edison. El invento le fascinó y propuso a sus hijos que buscasen la manera de mejorarlo.
 
En 1895 Louis consiguió construir en Lyon el primer aparato cinematográfico. Con él rodó su primera película: la salida de los obreros de la fábrica de su padre. Tenía un minuto de duración y emplearon 17 metros de película.
 

 
Los hermanos Lumière tomaron la decisión de mostrar en público sus trabajos y descubrimientos y para ello eligieron un local decorado al estilo oriental, el Salón Indio del Gran Café del Boulevard de los Capuchinos en París. Pensaron que siendo el local pequeño pasaría más desapercibido si la proyección era un fracaso. Como curiosidad podemos apuntar que ya en aquella primera proyección se cobró entrada al público.
 
La primera proyección se llevó a cabo el día 28 de diciembre de 1895, duró quince minutos y acudieron exactamente 35 personas, entre las que se encontraba Georges Mèliés. Los espectadores quedaron petrificados, boquiabiertos, estupefactos y sorprendidos. Corrió la voz, los periódicos elogiaron aquel “espectáculo insólito” y el segundo día las colas ocuparon la calle. Lleno absoluto de la sala.
 
Las películas que proyectaban eran la salida de la fábrica de la familia (que además de ser su primera película representaba un homenaje a su empresa), sus hijos comiendo, soldados haciendo instrucción, niños riñendo, un herrero trabajando, una partida de cartas, la demolición de un muro, un baño en el mar…
 
Pero las que triunfaron por encima de las demás fueron dos: “Llegada del tren a la estación” y “El regador regado”.
 
 
La primera fue terrorífica para el público que horrorizados por la locomotora que parecía dirigirse directamente hacia ellos se levantaron gritando de sus asientos para huir de la sala.
 

“El regador regado” duraba escasamente un minuto y se puede considerar la primera película de humor de la historia del cine. 

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